Medir el amor en cómo te cuidan y no en cuánto dicen quererte es tu verdadero salvavidas
Medir el amor en cómo te cuidan y no en cuánto dicen quererte es tu verdadero salvavidas
Sin conversaciones incómodas no se puede construir nada que merezca la pena. Y esto es válido para la relación con los demás y con uno mismo
No tomar una decisión también es elegir y, probablemente, la peor alternativa de todas. Decidir implica estar preparado para asumir una realidad incómoda: la renuncia forma parte de la vida. Y sin ella no avanzas, por más que lo intentes
Grábatelo a fuego: no puedes cambiar a nadie. Y menos a quien no está dispuesto a ver que su conducta es su problema
La reciprocidad también consiste en dejar de dar donde tú no recibes. Sin duda
El problema no es que no te entiendan. El problema es luchar día a día para que te entienda quien no está dispuesto a hacerlo. Muchas batallas se ganan abandonándolas. Y esta es una de ellas
La compatibilidad se mide en cuántos valores compartimos y no en cuántos gustos nos unen
Las relaciones que funcionan no son aquellas en las que todo fluye. Son vínculos donde todas las partes están dispuestas a afrontar conversaciones incómodas, atravesar momentos complicados, reajustar las bases, perdonar, asumir errores y hacer cambios. No es que sea fácil, es que lo trabajan
Y, sobre todo: las heridas ajenas se cuidan y no se utilizan para placer u objetivos propios por miedo o egoísmo (quiero todo sin renunciar a nada). El amor es la antítesis de solo atender a qué quiero, necesito y me falta a mí dejando de tener en cuenta a quien está compartiendo la vida conmigo
Validación: no es dar la razón, sino transmitir que lo que siente el otro es diferente a lo que siento yo porque su historia también lo es. Y, desde aquí, llegar a una actuación en común
Reciprocidad: no es ser iguales, sino ser equipo. Apoyar y sostener, cuidar y ser cuidado e incluso asumir que habrá épocas en las que una parte dé más que la otra pero bajo la premisa de saber que, si ocurriera al revés, se recibiría lo mismo
Tener presente la opción de romper la relación: no es algo a abordar cada día pero sí el estar dispuestos a despedirnos si el precio a pagar empieza a ser el bienestar integral del otro o de uno mismo. Trabajar por la unión sí, pero luchar sobra
Misma comprensión de base: la comunicación es la herramienta por excelencia pero sin entenderse bien mutuamente no reajustamos el vínculo; se desgasta cada día más
Sentir mucho es un motivo más para quedarse pero ni de lejos es el único ni el más relevante (aunque suele ser el que más protagonismo adquiere por todos los mitos del amor romántico aprendidos)
Compartir valores: tener gustos en común nunca está de más, pero que las formas de estar en el mundo sean equivalentes es esencial. Valores opuestos generan choques constantes
No hay una manera perfecta de construir una relación. Y cualquier terapia de pareja comienza dejando claro que el ecosistema de cada vínculo es único. Aún así, hay ciertas claves que rescato como indispensables: