Quiero pensar que en casa es imposible que eso me ocurra.
Quiero pensar que en casa es imposible que eso me ocurra.
Ojalá me pasase desde ese lado y poder decir que soy un héroe.
Un abrazo. Espero que vaya bien.
¿Lo peor (para mí) de quedarse encerrado en un baño? Tener que gritar para que te rescaten. No me gusta alzar la voz. Creo que ni siquiera sé hacerlo.
El gato se ha quedado encerrado en el arenero y total empatía con él: yo también he estado atrapado en un baño y no recomiendo la experiencia.
Detalles sin importancia.
A ver, un poco de eso también hay.
Los he contado y en mi barrio hay el mismo número de boxes de crossfit que establecimientos de empanadas argentinas.
Me queda desentrañar qué esconde ese misterioso equilibrio.
Recuerdo que mi gran caballo de batalla cuando estaba soltero era el siguiente: quedar en mi casa.
¿Qué te gusta? Cenemos en mi casa, yo te lo preparo.
Y lo que parecía una burda treta de pervertido sólo escondía el deseo de ahorrar dinero y de paso luchar contra la hostelería.
Los sueños son unos maleducados.
Fue una opción que consideré en su momento.
Normal. Es como ser criogenizado y tener que confiar en despertar.
Dicen que la UNESCO va a declarar patrimonio de la humanidad la torre de platos sucios que he acumulado en el fregadero.
Ya, es eso. No siempre, pero mis sueños suelen ser muy normalitos y fácilmente interpretables.
¿Mi bien más preciado? La sartén de acero inoxidable.
Inconcebible que haya estado tantos años ignorando las infinitas ventajas de tal maravilla de la ingeniería humana.
Mis sueños suelen ser bastante coherentes.
Buenas tardes.
¿No es una cosa increíble dormir?
De repente desconectas y pum, te quedas moñeco unas cuantas horas. Como si nada. Todo normal. Y así todos los días.
En fin, buenas noches.
Fíjate, al final la teoría de la conspiración más genuinamente cierta era la del sionismo controlando el mundo en la sombra. Qué cosas.
Hijo mío, algún día todo esto será culpa mía.
Últimamente me ocurre que escribo aquí tres tonterías y me quedo con la sensación de haber dado el callo. Tremenda jornada de trabajo en bluesky la mía.
En fin, lo de ser un vago es una cosa.
No hay que fiarse, así en general.
En nadie he puesto tantas esperanzas y me ha decepcionado tantas veces como la siesta.
Pero no importa. Es una piedra en la que seguiré tropezando las veces que haga falta.
Hay que ignorarla. Sí todos lo hiciéramos, desaparecería.
He comprado un saco de magníficas patatas. Muchas expectativas con ellas. Hypeando unas patatas estoy. No necesito más emociones en mi vida.
Quién te obliga que hablamos con él.
Una persona de bien.
Hace unos días un amigo al que respeto mucho me enseñó una cosa tontísima que hacía con una IA. Sí que sentí cierta decepción.
Bien hecho.