Para dejar constancia.
Para dejar constancia.
Nos quebramos la cabeza para elegir un nombre para nuestra hijaque no fuera común (porque yo soy Claudia y es un fastidio) y alejarnos de la moda: ilusos que fuimos. Hoy me mandaron foto del nombre de mi hija en una Coca-Cola.
No me asombra que el fútbol (y los deportes) estén encontrado reconocimiento relativamente rápido en el campo de las ciencias sociales y las humanidades en contraste con la moda e indumentaria. Sí adivinan por qué, ¿verdad?
“How many years does it takes to really appreciate a mother?”
Apistolar, dice mi hija: “¿Por qué lo apistolearon?”.
Leí Calaquero en lugar de Calero, ¿porque ya es agosto y siempre me confundo con octubre?
Nada nuevo, ya sé, pero leer las noticias y seguir con tu día es nihilismo puro.
Los cuarenta son la década cuando te empiezas a poner pachiche. Maldita sea.
Navegando los ataques de la moña tuerta sin pastillas.
My book
“Yardstick Nation: The Metric System in America”
has just been published and is now available in US bookstores.
The e-book version can be bought globally in Vanderbilt University Press’s site: vanderbiltuniversitypress.com/9780826507839/
En la hemeroteca nacional me encontré a Erica Neighbors, una joven historiadora que está de estancia en la CDMX, y a Víctor Macías-González. Qué cosa más grata.
Leí biblotecomanía en lugar de biblioteconomía.
Andor y Joel son primos. Tano es su tío.
Monday morning.
¿Se pondrá de moda el nombre Isaura?
Veremos.
Te dejo abrazos.
Lean este texto de Selene Aldana sobre Eleanor Marx.
revistacomun.com/blog/tussy-y...
@palomaparda.bsky.social @priscilacedillo.bsky.social @smsociologia.bsky.social
¿Alguien por acá sabe algo de Elena Landázuri Gil? La topé por pura casualidad, pero resulta que fue socióloga, supongo que de las primeras reconocidas como tal en México, y que estudió --nada más y nada menos-- en la escuela de Chicago entre 1918 y 1921; además de que tuvo contacto con Jane Adams.
Qué cosa increíble se siente esto. Soy la más orgullosa.
Llegué a clase en la mañana. Les alumnes no leen y eso ya es un bajón. Ahora tampoco puedo usar el pizarrón ni proyectar nada. 😒
La dominación simbólica no sólo desaparece(es probable que haya habido muchachas pobres que no suspiraban por cintas, sino por encajes) sino que supone que el interés por la moda es cosa femenina más allá de la clase.
Lo genial de la pregunta es que permite pensar en prácticas de vestimenta diferenciadas por la clase. El problema es que también supone que esas diferencias pueden existir sin influenciarse o imponerse unas sobre otras.
EP Thompson haciendo (LAS) preguntas: los telares de Conventry pararon por un cambio de moda de la cinta al encaje, “¿Por qué deberían permanecer ociosos los telares, si decenas de miles de muchachas del país suspiraban por las cintas, pero no se podían permitir comprarlas?”.
Pero en estos residuos de la violencia hay grandes ausentes: no hay calzones, ni tangas ni brasieres. Los relatos que podemos construir a partir de estas prendas son muchos, duele sólo imaginarlos y aun más saber que las mujeres, por ser mujeres, también sufrieron violencia sexual.
También me estremecieron los colores y estampados: amarillo, rosa, verde, cuadros, flores. Ni qué decir de esos otros elementos de indumentaria femenina: maquillaje, labiales, cremas, barnices, pestañas postizas.
De la ropa de mujeres me impactaron las texturas y las formas: ombligueras, shorts, vestidos (ese vestido de noche negro y largo con chaquira o lentejuela, ese otro con encaje, el de rayas, el playero), leggings, pareos, algún pantalón de vestir.
Además de los zapatos hay otras prendas de vestir que son también indicio de la violencia particular ante la que estamos. Junto a los pantalones, camisas, camisetas, boxers y trusas hay ropa de mujeres.
La indumentaria es una de las pruebas más desoladoras de lo que pasó en el rancho de Teuchitlán. Los zapatos son el indicio simbólico que muestra la tragedia frente a la que estamos, el exterminio.
Una semana enferma de gripa. Hoy, por fin, me siento mejor.