La cultura que nos muerde
La partida de Carlos Martín llamada _Liver noctis aeternam_ de _La llamada de Cthulhu_ es una de las partidas que más impacto emocional me ha dejado en mucho tiempo. La fuerza de la revelación final que contradijo muchas de mis certezas sobre el juego y sobre el mundo (toma ya), me golpeó con intensidad. Recuerdo caminar por la calle y atravesar la plaza de las estaciones poniéndolo todo en duda, como atravesando una crisis psíquica y de identidad, como un Descartes rolero al que se le ha revelado el genio maligno.
Supongo que ese es el propósito de la cultura del subsuelo. Decía Kafka que no deberíamos leer más que libros que nos muerdan. De la misma manera no deberíamos experimentar con artefactos culturales que nos dejen indiferentes. La cultura, a mi entender, no tiene un propósito aleccionador de ir descubriendo poco a poco la profundidad del ser humano. La cultura que me importa tiene el propósito de hacer trizas toda concepción del ser humano y del mundo, para abrir una grieta en el armazón sólido de todo lo pensado y permitir que se asome a través de esa grieta lo todavía no pensado. Un experimento del límite y del lenguaje de la ruptura del límite.
A medida que han pasado las horas (y los días) me ha quedado la sensación de haber aprendido algo y de que se ha añadido alguna pieza extraña a mi ser ya de por sí múltiple. Me tomo una taza de café y sabe diferente, la calle de abajo de casa parece otra…
Todo añadido a la multiplicidad es una posibilidad y una herramienta para enfrentar la identidad que quiere hacerse fuerte en lo único y lo homogéneo. Es decir la identidad asesina que excluye la diferencia. La multiplicidad es la herramienta para fabricar diversidad. Y la diversidad desafía el discurso polarizado y sectario. Nos permite sentirnos identificados con lo marginal y con lo excluido: el migrante, el loco, el pobre… Nos permite adoptar su voz para contrarrestar la voz de los poderes que abogan por la destrucción fascista y violenta de la alteridad para no perder dinero ni poder.
No puedo dejar de mencionar la intensidad que se generó en el salón de Grau con su bajo recién comprado de fondo, tirando dados y comiendo pizza (como debe ser). Fue algo singular y raro, un viaje lisérgico con consecuencias profundas en el psiquismo que tuvo que reordenarse para lograr colocar esa idea nueva y potente de que los otros también somos nosotros. No puedo decir más sin hacer espóilers.
Por cierto, Carlos Martín dice que no sabe si él tenía en mente todo esto que escribo cuando pensó la partida. Le diré que diga que sí, que así parece el Nietzsche del rol.
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Os dejo por aquí la entrada de este lunes festivo:
lallamadadelotro.wordpress.com/2025/12/08/la-cultura-qu...
A disfrutar la fiesta.
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